La cueva inundada conocida como Hoyo Negro, en Tulum, Quintana Roo, es hoy un sitio que deslumbra y atrae a investigadores del mundo, precisamente porque en el Pleistoceno fue una trampa de muerte, dijo Alberto Nava Blank, uno de los descubridores del lugar en 2007, durante la presentación ayer de los avances en la elaboración de una réplica tridimensional digital del enorme domo subacuático.

En un encuentro que se desarrolló en el Museo Nacional de Antropología, también participó el antropólogo forense James C. Chatters, codirector e investigador principal del proyecto Hoyo Negro, quien presentó los estudios recientes hechos al esqueleto conocido como Naia, descubierto en el sitio y que tanta fama ha alcanzado.

En particular, llamó la atención del público la reconstrucción del rostro de aquella joven prehistórica, de entre 15 y 17 años de edad, quien también tuvo la mala fortuna de caer en esa cueva, que ahora es definida por estudiosos de varios países como el sitio paleontológico perfecto, debido a la excelente conservación de los vestigios que resguarda.

Fue en 2011 cuando Chatters comenzó a analizar a Naia, cuyos huesos yacían junto a los de grandes mamíferos, pero aún no sabemos cuántos de estos fueron sus contemporáneos.

El esqueleto humano más antiguo hallado en América

La información que sí proporciona el esqueleto, detalló James C. Chatters, es que Naia padeció desnutrición, “deficiencia de proteína en su alimentación, pero también vemos en sus piernas un desarrollo muscular fuerte, como si fueran de un hombre mucho mayor, lo cual muestra que Naia siempre estaba caminando o corriendo.

“Otras evidencias nos dicen que aunque Naia era muy joven ya había dado a luz, por lo menos una vez. Naia es el esqueleto más antiguo hallado en América; según la información de sus dientes, tiene 12 mil 900 o 12 mil 700 años de antigüedad. Llama la atención que los tres esqueletos más antiguos y mejor conservados en el continente son femeninos.”

De cara plana y boca pronunciada, Naia corría mucho, sin embargo no hacía casi nada con los brazos. De seguro tuvo una gran emergencia para entrar en la cueva, tal vez se perdió en la oscuridad aunque seguramente conocía los riesgos, detalló el antropólogo estadunidense.

Chatter explicó que Naia se alimentaba ocasionalmente de carne fresca y frutas, y que quizá sufrió violencia física, pues tiene un hueso fracturado y sanado en vida. Era delgada y no medía más de 1.50 metros, con un peso de apenas 50 kilos.

Naia seguramente venía de Asia, pues una de las teorías más aceptadas es que hubo una gran migración humana de ese continente hacia América a través del estrecho de Bering, entonces con los océanos en un nivel bajo posiblemente causado por una glaciación.

Diez años de cartografiar los túneles del Hoyo Negro

El arqueólogo Alberto Nava, buzo espeleólogo, ofreció detalles y mostró imágenes acerca de los recorridos subacuáticos que han realizado los recientes 10 años para cartografiar los túneles del Hoyo Negro. Con diversas técnicas fotográficas, que incluyeron pintar con luces cada toma de los rincones oscuros, se registró en tercera dimensión el piso del Hoyo Negro, que tiene 62 metros de diámetro y está a 55 de profundidad.

Se hicieron 2 mil 100 fotos, en 52 horas, durante 34 días, y un trabajo de recopilación digital de dos años, el cual sigue en proceso para preparar una versión digital completa con la colaboración de la Universidad de San Diego.

La ubicación exacta del Hoyo Negro se mantiene bajo discreción para evitar posibles saqueos o alteraciones del sitio. No obstante, se han detectado intrusos, dijo Pilar Luna, investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y coordinadora general del proyecto, quien comentó que al lugar sólo pueden llegar buzos con un entrenamiento especial, casi militar.

Vía La Jornada

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