Reina el desconcierto aún en el priismo yucateco desde el pasado domingo 1ero de julio. Durante cuatro días la dirigencia y bases del partido, desde su trinchera, cada quien trata de hacer un balance de las causas de la derrota de Mauricio Sahuí en el estado.

Los resultados de la elección están a la vista e indudablemente llevan a revisar las encuestas de diciembre de 2017 cuando se dio la escogencia del candidato del PRI, en las cuales Jorge Carlos Ramírez Marín siempre figuró como la opción más competitiva para ganar la Gubernatura de Yucatán, liderazgo que se reafirma, que a pesar de la derrota de Sahuí en el estado, éste obtiene la Senaduría en la elección.

Asimismo, el priismo yucateco no deja de cuestionar la selección del candidato, se impuso el pacto de Ivonne Ortega para declinar su aspiración presidencial a cambio de su cuota de poder en Yucatán representada por Sahuí Rivero, que de entrada no logró unificar el apoyo de las bases y estructuras y mucho menos de dirigentes como Pablo Gamboa, Víctor Caballero y Jorge Carlos Ramírez Marín.

De las derrotas efectivamente se aprende y para que el PRI en Yucatán pueda renovarse y volver a ser el partido fuerte del pasado, debe evaluar este balance, que aunque no le convenga ni le agrade al equipo de Ivonne Ortega y Sahuí, quienes se aferran a no salir a reconocer de frente los resultados y los respectivos errores de la campaña, el tiempo ha dado la razón, y con un líder como Ramírez Marin se hubiese mantenido la Gubernatura de Yucatán en manos del PRI.

 

 

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