La NASA tiene la tarea de repetir la experiencia, y la idea es hacerlo antes de 2024, la fecha límite determinada por el equipo presidencial de Donald Trump. Pero no se tiene claro cómo la agencia espacial podrá superar ciertos desafíos técnicos, políticos y económicos para conseguir un nuevo alunizaje en poco más de cuatro años.

Esto dijo al respecto la doctora Ryan Watkins, una científica lunar del Instituto de Ciencia Planetaria.

Si las piezas se juntan de la manera correcta, pueden lograrlo. Pero tienen que unirse.

Los líderes de la NASA necesitan tomar decisiones clave sobre cómo procederán con la nueva misión espacial, llamada Artemis –por la hermana melliza de Apolo–. La agencia aún no tiene listo un cohete para llevar humanos al espacio profundo, y tampoco ha desarrollado un vehículo de alunizaje desde que terminó el en 1972. Otro problema es el Congreso, que regula el presupuesto de la NASA y cada vez parece menos interesado en financiar la misión a la Luna.

Mientras la NASA se esfuerza por cumplir su ambicioso objetivo, China continúa progresando constantemente hacia la llegada de sus astronautas a la Luna proyectada para mediados de la década de 2030. El gigante asiático ha enviado una serie de misiones lunares no tripuladas durante la última década, y en enero de 2019 su sonda se convirtió en la primera nave espacial en descender en el lado opuesto de la Luna. Los chinos indican que vienen otras cuatro misiones robóticas, iniciando con Chang’e-5, programada para diciembre. Los científicos lunares esperan que con estas misiones se pueda avanzar en la construcción de una futura base lunar.

Al respecto, Christoph Beischl, investigador del Instituto de Política y Ley Espacial de Londres, dijo:

En las próximas dos décadas, definitivamente veremos a un astronauta chino aterrizando en la Luna.

Recursos listos para ser usados

La NASA apuesta a que los socios comerciales puedan ayudar a la agencia a llegar de nuevo a la Luna, encargándose de algunas tareas cruciales que incluyen vuelos experimentales a la superficie lunar con el fin de sentar las bases para una eventual misión tripulada. Hace unos meses, la agencia espacial anunció la firma de contratos con tres compañías, las cuales realizarán cada una hasta 14 experimentos a la Luna a bordo de pequeñas naves robóticas.

llanura de Mare Imbrium
La llanura de Mare Imbrium albergará un experimento de la NASA para medir la exposición a la radiación. Crédito: Time Life / NASA / Getty

Una de las compañías, Orbit Beyond, intentará enviar durante el segundo semestre del 2020 un módulo a la llanura de lava Mare Imbrium ubicada en la Luna. La sonda transportará instrumentos de la NASA, incluido un monitor del nivel de Radiación cósmica a la que estarían expuestos los astronautas.

En los próximos años, la NASA estima que varias compañías privadas volarán sondas lunares cada vez más sofisticadas. Estas podrían incluso llegar a recolectar rocas lunares y explorar sitios de alunizaje para misiones tripuladas.

Mientras tanto, la agencia busca seguir avanzando en la fabricación de su cohete de carga y la cápsula de la tripulación Orion, que transportaría a los astronautas al espacio profundo. Tanto el cohete como Orion son elementos reutilizados de versiones anteriores en los que la NASA estuvo trabajando para enviar astronautas a un asteroide y luego a Marte. El primer viaje no tripulado del combo cohete-cápsula esperan realizarlo para mediados de 2020 y la primera prueba tripulada para 2022.

Un alunizaje acertado

El mayor desafío de la NASA al intentar su regreso a la Luna podría ser la adquisición de una gran módulo de alunizaje que, luego de ser lanzado junto a Orion y el cohete de carga pesada, podría trasladar a los astronautas hacia la superficie lunar. Varias compañías comerciales han diseñado sobre el papel algunos de estos módulos, como Blue Moon, de la compañía Blue Origin, cuyo fundador es el magnate Jeff Bezos; y un diseño de Lockheed Martin Corporation, basado en la nave espacial Phoenix que descendió sobre la superficie de Marte en 2008. Pero ninguno de estos proyectos ha sido construido, probado y mucho menos ha volado en el espacio.

Asimismo es incierto el diseño definitivo del Gateway, un puesto de avanzada en órbita lunar que la NASA prevé que Artemis usará como estación de acoplamiento y como escalón hacia la superficie lunar.

El pasado mes de mayo, la agencia anunció su intención de comprar la primera parte de ese puesto de avanzada a la compañía Maxar Technologies. Pero se desconoce de dónde vendrá el resto del Gateway y qué tan sofisticado será.

Regresar a la Luna, un desafío político

La respuesta del Congreso, que controla el presupuesto de la NASA, ha sido tibia. El 25 de junio la Cámara de Representantes (controlada por los demócratas) aprobó un proyecto de ley de gastos para el año 2020 para la NASA que ignoró la solicitud de Artemis. El Senado (controlado por los republicanos) aún tiene que actuar sobre el presupuesto planteado por la NASA para 2020, incluida la solicitud de fondos para Artemis.

Las prolongadas batallas con el Congreso sobre esta financiación llevaron al hundimiento de dos intentos de los predecesores de Trump para regresar a la Luna. Un plan que George HW Bush propuso en 1989 nunca fue aprobado en el Congreso. Y el programa Moon de George W. Bush anunciado en 2004, fue cancelado por Barack Obama en 2010, pero no antes de que comenzara el desarrollo del cohete de carga pesada que Trump ahora quiere usar.

La primera vez que Trump propuso enviar astronautas a la Luna fue en 2017, y meses más tarde, la respuesta de la NASA indicaba que lo intentarían en 2028. Pero a comienzos de 2017, el gobierno Trump propuso acelerar la misión Artemis para 2024. Así entonces, en caso de ser reelegido Trump, permanecería en el cargo hasta enero de 2025, lo cual significa que el próximo alunizaje tendría lugar durante su mandato.

Por ahora, casi todo lo que implica la misión Artemis es diferente de Apolo. En 1961 las cosas fueron diferentes, pues en ese entonces el presidente John F. Kennedy ordenó el viaje a la Luna para destacar la posición de Estados Unidos como la superpotencia mundial, y ambas cámaras del Congreso apoyaron en conjunto el proyecto.

De esta forma, el costoso proyecto de Artemis depende prácticamente del interés político y del nivel de respaldo que Trump logre conseguir.

China, por su parte, enfrenta también distintos obstáculos para poner gente en la Luna. Ha enviado astronautas a laboratorios espaciales en órbita terrestre baja, y planea tener su propia estación espacial en 2022, pero no tiene experiencia llevando personas al espacio, lo que requiere una tecnología de alunizaje y una nave espacial más avanzada.

Vía Grandes Medios

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here