En vísperas de su 90 cumpleaños (el 5 de octubre), el poeta y filósofo Enrique González Rojo Ar-thur fue homenajeado en la edición 39 Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería.

Ese acto consistió en un conversatorio en torno de la vida y la obra del también catedrático universitario, así como una lectura de su trabajo poético.

Participaron el poeta, dramaturgo y editor Daro Soberanes, el sociólogo y editor Roberto Nava y la poeta y editora Adriana Tafoya, moderados por el escritor Gerardo Escalante.

González Rojo no asistió por motivos de salud, según se dijo. Sin embargo, acudió su esposa, Alicia Torres, a la que se sumaron amigos y decenas de admiradores.

De él se reconocieron su decisión y capacidad de permanecer independiente, la lucidez, coherencia y congruencia de su pensamiento crítico y la originalidad y solvencia de su escritura.

Uno de los grandes méritos que destacan del maestro es haber permanecido hasta hoy independiente de los grupos del poder, aunque esto le haya valido la marginación por parte de la hegemonía intelectual y la política mexicana, dijo Roberto Nava.

Hablar de este maestro nonagenario es hablar de un oasis en el desierto. Filósofo, poeta y crítico social, Enrique González Rojo Ar-thur ha simbolizado para México ser el heredero de la ascendencia lírica de la historia de la literatura.

Nava dijo que no siempre lo escrito por un poeta coincide con lo que es su persona e instó a distinguir entre el autor y sus personajes.

En este caso, autor, militancia política y obra se conjugan de manera coherente y su vida pública y las pisadas de su pluma nos muestran originalidad creativa, rigurosa y comprometida, dejándonos a pocos inmutables al leerla.

Alegre y contestatario

Roberto Nava definió al nieto de Enrique González Martínez –el poeta del modernismo hispánico en el México de los años 20 y 30 del siglo pasado– como hombre independiente, alegre y contestatario, cercano a académicos y librepensadores contra del régimen capitalista y el sistema de clase per se.

De la obra de González Rojo, reconoció que se ha mantenido en silencio casi por costumbre o manía, sobre todo por sus marcadas inclinaciones políticas y su inquebrantable espíritu independiente.

Obra y autor han permanecido al margen deliberadamente de todos los grupos literarios, tanto del Estado como de los llamados independientes, al grado de que el poeta acepta tener una fama clandestina, añadió.

Para él, lo fundamental es la libertad de decir y escribir cuanto se cree y piensa, lo cual hasta ahora puede vivir con puntualidad. Él representa un gran valor, pues de cualquier forma la poesía casi siempre ha estado en contradicción con los sistemas políticos del gobierno. Por eso, la verdadera poesía está condenada a la marginación, afirma el maestro.

Antes de leer varios poemas de Enrique González Rojo, entre ellos Prehistoria del puño y La clase obrera va al paraíso, Daro Soberanes habló de la fama clandestina del homenajeado, la cual corre como un secreto a voces.

Él es sinónimo de intransigencia elegante de guante blanco y eso, lógicamente, no gusta ni parece a los cómodos, los planos, los llanos, los esquemáticos, los oficiales, los institucionalistas.

Adriana Tafoya leyó el poema Demiurgo del caos, no sin antes recalcar que la de este creador está muy lejos de ser una poesía vacua, ascética y políticamente correcta.

Vía La Jornada

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