Dicen que no hay peor castigo que el olvido. Y existen más de un par de monumentos al
olvido en Yucatán, con los que un grupo de políticos corruptos ha castigado a nuestro
sistema de salud. Hoy tenemos solamente el esqueleto de lo que alguna vez fueron
hospitales, clínicas y centros donde se le procuraba atención de calidad a los enfermos,
donde habían medicamentos, doctores, enfermeros, camas e insumos. No habían lujos,
pero sí dignidad.

Desafortunadamente una plaga de políticos corruptos, de esos que no tienen límite para
su glotonería, llegaron hace 11 años con el circo de Ivonne Ortega, entre ellos el
candidato priista Mauricio Sahuí, para desviar la mirada de lo que se hacía bien y así
desmantelar silenciosamente el sistema de salud y robar millones del presupuesto de
estas instituciones sin descaro.

Por ellos es que hoy, si te enfermas y no tienes al menos unos miles de pesos en la
cartera, tendrás que esperar hasta seis horas para una consulta o días para una cirugía
de emergencia, un examen o un tratamiento. La falta de medicamento quieren
compensarla con paracetamol, y no pueden pasarse por alto todos esos pacientes que
duermen sobre cartón debido a la falta de camas en habitaciones. Son cuartos y
consultorios sucios, luces fundidas, insumos viejos, son remedios improvisados que no
sólo no nos curan, sino que en muchos casos convierten una enfermedad curable en
muerte.

Hay que resaltar que en este sexenio que está por terminar, el Gobierno del Estado
“perdió” más de 228 millones de pesos en 2017 y se desviaron otros 100 millones de
licitaciones y contratos de la Secretaría de Salud en los últimos cuatro años, que pudieron
haber sido, y NO son, medicamentos disponibles, asientos y camas, doctores y
enfermeros, consultas a tiempo, más cirugías, más quimioterapias.

Y en estos 11 años hay un factor común, Mauricio Sahuí enriqueciéndose a costa de la
salud de Yucatán, quien casualmente tiene algún vínculo con los escándalos, ya sea por
su madrina o su coordinador de comunicación de campaña.

Quien se atreve a desparecer o robar más de 300 millones de pesos del presupuesto de
salud en un estado donde el 42% de la población se encuentra en pobreza, debería recibir
un castigo equiparable como el que vivimos día a día por el olvido en el que se
encuentran nuestras instituciones de salud. No estaría mal mocharle las manos, pero no
está en nosotros sino en un sistema de justicia se paraliza ante la impunidad.

Estamos cerca del momento en el que podemos como ciudadanos procurarnos justicia
con la democracia, en el que tenemos voz y voto.

Podríamos permitir que siga en el olvido la salud de Yucatán o hacer que esta situación
cambie este 1 de julio, es indignante ver lo que le han hecho políticos corruptos y que no
saben trabajar con transparencia a nuestras instituciones de salud que hace una década
eran dignas y hoy son vacas flacas. No podemos caer en las mentiras de que vamos muy
bien u ocupamos los primeros lugares, cuando lo que vivimos en carne propia cada vez
que visitamos un hospital o centro de salud es denigrante. Porque si seguimos igual, ni el
esqueleto va a quedar para 2024.